Junts Pel Sí o el aplazamiento de la política

Publicado originalmente en CTXT. Texto completo aquí.

Barcelona | 2 de Septiembre de 2015
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Qué difícil es explicar lo que pasa en Cataluña. Cosas como la candidatura Junts Pel Sí, donde se mezclan la derecha neoliberal –CDC–, parte de la izquierda independentista –ERC–, asociaciones civiles y otras personalidades de la cultura o el deporte. Una candidatura que no tiene programa más que la independencia “en 18 meses” y cuyo cabeza de lista –ecologista radical de izquierdas– no es el candidato a president, sino que en caso de ganar lo sería Artur Mas –ahora cuarto en la lista–. Mas, conocido delfín de Jordi Pujol, de trayectoria política tan cercana a la de su mentor que cuesta imaginar cómo consiguió no saber nada de sus “problemas financieros”, lidera hoy una Generalitat en bancarrota.

Mas, conocido delfín de Jordi Pujol, lidera hoy una Generalitat en bancarrota

Puede sonar raro, pero en Cataluña casi hemos normalizado nuestra extravagancia y llevamos varios años en los que parece que no vale la pena hablar de cómo salir de la crisis, ni de conflictos entre proyectos de país, ni de propuestas políticas más allá de la improbable “desconexión de España”. Quien más se ha esforzado en que esto sea así es Convergència, un partido que ha tenido que encarar las dificultades económicas al frente de un gobierno de recortes, con innumerables casos de corrupción bajo el brazo y algunos también de mala gestión –llámese prisa en las privatizaciones–. Además de tener que afrontar nuestra versión de la crisis de régimen, donde las demandas sociales de más democracia se han declinado en términos del derecho a decidir y la independencia. Nuestro particular 15M fue la Diada del 2011 y posteriores, que Mas se aprestó a encabezar –acompañado de la maquinaria político-mediática que conlleva el poder–. Es como si Rajoy hubiese tratado de liderar el 15M gracias a la existencia de algún enemigo exterior que lo justificase. Que quede claro, en la clase media con riesgo de descalabro, la demanda de un Estado propio es también la aspiración de mejorar sus expectativas sociales, conservar servicios públicos y buscar una democracia que valga la pena ser llamada así.

Con este trasfondo y para afrontar la crisis electoral, el think tank de Convergència, la Fundación CatDem, hace tiempo que aconseja una refundación del partido basada en la transparencia, la regeneración democrática y la vuelta a la defensa de los valores de la socialdemocracia de sus orígenes. Esa misma fundación que acaba de ser señalada por la Fiscalía de ser la receptora de una parte del 3% de las comisiones que cobraba CDC por adjudicación impropia de obra pública. Un secreto a voces de la Cataluña pacificada, donde no hay lucha de clases, sino un solo pueblo unido en su lucha por la libertad.

La Fundación CatDem, el think tank de Convergència, acaba de ser señalada por la Fiscalía de ser la receptora de una parte del 3% de las comisiones que cobraba CDC por adjudicaciones de obra pública

Así pues, para que CDC pudiese hacer creíble los consejos de sus intelectuales financiados vía constructoras, tenía que pasar algo muy gordo, tan gordo como un lista tipo la Gran coalición alemana, montada sobre los significantes de la revolución democrática, e inspirada un poco, valga decir, en la candidatura de Ada Colau. En la página web, cualquiera puede ser candidato simbólico, y los ciudadanos anónimos están mezclados con los candidatos reales, que ya no aparecen como diputados, concejales o portavoces de grupo parlamentario, sino como “abogados”, “economistas” o “lingüistas”. La cosa es esconder a los políticos profesionales, tan mal vistos hoy día, aunque los candidatos de CDC constituyan más o menos un 60% de la lista y los de ERC el otro 40%, menos unos cuantos independientes.

La “lista de todos”

Independientes que avalan candidaturas de forma simbólica ha habido siempre, pero aquí van en posiciones de salida y los políticos se parapetan detrás. En esta candidatura cuentan con personalidades de trayectoria intachable como Lluís Llach –emblema de la lucha antifranquista–, cabeza de lista por Girona, a quien acompaña una directiva de club de básquet de número dos. En Barcelona, Raül Romeva –ex Iniciativa per Catalunya-Verds– se distinguió en el pasado por sus furibundas críticas a la Cataluña de CiU y al propio Mas y por ser el parlamentario europeo que más ha hecho en favor del atún rojo, y  ahora encabeza y legitima la lista de concentración nacional (así la llaman sin sonrojarse). Como la legitima también la número dos, Carme Forcadell, hasta hace poco presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, organización “apartidista” responsable desde 2011 de agitar las grandes movilizaciones de la Diada. La número tres, Muriel Casals, fue presidenta de otra de las principales asociaciones independentistas, Omnium Cultural –fundada durante el franquismo por la oligarquía catalana– y desde hace unos años haciéndose pasar también por autónoma del poder político. Tan autónomas son ANC y Omnium, que estas dos organizaciones estuvieron presentes en la reunión-trampa de julio donde CDC presionó a una reticente ERC para que aceptase la propuesta.

¿Por qué un partido ganador de las últimas europeas se dispara a su propio pie? Las causas últimas del suicidio, como explicó Durkheim, nunca quedan del todo claras. Parece que Junqueras no quiso figurar en los anales como el gran traidor a la patria, responsable del naufragio del Procés, o quizás no supo liderar una alternativa independentista de izquierdas a la propuesta pacificadora e interclasista de Mas. Nunca como ahora ERC había sucumbido de esta manera a los encantos de la hegemonía cultural convergente.

Nunca como ahora ERC había sucumbido de esta manera a los encantos de la hegemonía cultural convergente

Por último, en Junts Pel Sí, salpicados por aquí y por allá entre la inmensa mayoría de políticos –donde se encuentran hasta consellers en activo–, encontramos a los díscolos del PSC y de Unió Democràtica que se separaron de sus partidos debido a la causa independentista y que ahora se ven así recompensados.

Plebiscitarias

El marco que se supone dota de sentido a esta lista es el de unas elecciones que aparentemente van a servir para hacer pública la mayoría social que quiere la independencia. La justificación es que las elecciones funcionarán como un plebiscito y que una mayoría en el Parlament permitirá comenzar el proceso hacia la creación de un Estado aunque con todas las dudas sobre las consecuencias prácticas y el alcance de esto. También resulta considerablemente difícil medir el éxito de un plebiscito donde las normas no están claras y las definen unos pocos de forma unilateral. ¿Contaremos en escaños o en votos? ¿Cuánta abstención será tolerable para dar el plebiscito como válido? Si se contase en escaños, que es la propuesta de Junts Pel Sí, ¿cómo corregimos el hecho de que debido a la ley d’Hont, para lograr un diputado, vale menos un voto de Barcelona que uno de la Vall d’Aran?

Tan sólo un 22% votará en clave plebiscitaria de sí y no a la independencia. Si se suma a esto la abstención, un tanto por ciento ínfimo

Interrogantes, muchos, profusa confusión, pocas cosas claras. Al menos una, la de que los catalanes, y pese a la insistencia mediática, no ven estas elecciones como plebiscitarias. La mayoría (casi el 51% según la última encuesta del CEO de hace unos meses) votará teniendo en cuenta las propuestas de los partidos en el ámbito económico y un 17% considerando ambas cuestiones –nacional y social–. Tan sólo un 22% votará en clave plebiscitaria de sí y no a la independencia. Si se suma a esto la abstención, un tanto por ciento ínfimo.

Así, puede que la gran coalición sea el sueño de un neoliberal pasado de rosca. Puede que en la política del futuro no haya izquierdas ni derechas, ni programa, ni los presidenciables tengan que responder preguntas ni ser cuestionados por su gestión y sus errores pasados. El gran argumento de Junts Pel Sí para no hablar de políticas sociales durante la campaña ha sido que éstas son imposibles sin un Estado propio. Ha suspendido la historia, ha aplazado la política y la economía –cuestiones en las que difícilmente se pondrían de acuerdo los distintos intereses que integran la candidatura–. Pero la sociedad catalana parece querer escuchar desde ya propuestas políticas, medidas para combatir la crisis que nos acosa y sus consecuencias como la pobreza y el paro crecientes que arrasan nuestras periferias, o para proteger lo que nos queda del Estado del bienestar. Muchos no pueden esperar hasta llegar a Ítaca. Debería ser desde hoy y no en una Cataluña futura e improbable. Estaría bien que pudiese volver pronto la política.

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