Los neocon ven en Cataluña una oportunidad para resurgir

Los resultados de las elecciones en Cataluña y en general cómo se ha desarrollado la “crisis catalana” han movido el campo de la política en España. Hasta hace poco, y mientras el procés se limitaba a las proclamaciones de intenciones sin llegar a desobedecer, el siempre esquivo de los problemas Mariano Rajoy y su partido, se dedicaban a mirar para otro lado. Pero el referéndum y la declaración de independencia han obligado al PP a tomar posiciones y lo ha hecho de manera rotunda, excesiva para muchos, con la activación del 155, aunque no para todos ha sido suficiente. Concretamente para la Faes, fundación neoncon —presidida por Aznar y ya desvinculada del PP desde fines del 2016, tras 25 años de relación—.

Las mujeres sabemos pelear: la cultura como campo de batalla

Voy a empezar confesando que me emociono con las series o las películas protagonizadas por mujeres fuertes, superheroínas de todo pelaje, y más cuando implican artes marciales y alguna que otra buena pelea como Wonder Woman. Sé que quizás es un poco simplón, pero, además del disfrute elemental que me produce verlas, me alegra que mi sobrina tenga modelos distintos sobre lo que significa ser mujer y, quizás, más fácil ser fuerte cuando le toquen momentos difíciles –puede que por el mismo hecho de serlo– o cuando –ojalá– sienta la necesidad de luchar contra una injusticia.

Feminizar la política: ¿ganar primarias o cuestionar el poder?

De un tiempo a esta parte, y con las nuevas candidaturas post 15M, se habla incesantemente de “feminizar” la política. En tiempos de primarias, por ejemplo, cuando algunas candidaturas reclaman para sí esta cualidad que ha devenido un valor en términos de capital político. Es una buena noticia que el feminismo sume y tantas mujeres nos declaremos feministas en público cuando históricamente se había impuesto cierta imagen de nosotras parecida a la que tiene el alcalde de Alcorcón: unas “fracasadas, amargadas y rabiosas”. Hoy, hasta la Marie Claire tiene una sección de feminismo.

¿Hacia dónde va Podemos? Clase, populismo y movimientos

El congreso de Podemos termina con una ratificación del liderazgo y las propuestas de Pablo Iglesias. Muchos medios –que habían apostado públicamente por Íñigo Errejón– ya alertan de la próxima “radicalización” del partido. Lo cierto es que las dos propuestas mayoritarias parecían encarnar en sus caras más visibles un debate que se está dando en la “izquierda” española en cuanto a las tácticas –¿o son estrategias?– que se deben guiar el ámbito institucional. Pero no sólo aquí. En EEUU, muchos analistas culpan a Clinton y al aparato demócrata por apartar a Sanders, el candidato que parecía más capacitado para enfrentar a Trump por su capacidad de llegar a los más desafectos al sistema. Mientras que en Inglaterra, Corbyn ha conseguido movilizar a un sector nuevo de jóvenes y movimientos en el seno del Labour, que empujan hacia una radicalización del partido.

¿Por qué hay una cultura política de guerra en Podemos?

“Nosotros, que queríamos preparar el camino para la amabilidad, no pudimos ser amables”. Esto escribió Brecht durante su exilio del nazismo; pero se refería a lo que tuvieron que hacer los revolucionarios en tiempos de guerra, de represión brutal contra aquellos que se les oponían. Hoy, en Podemos, el enemigo contra el que se lucha sin compromiso posible, no es el germen del fascismo contenido en nuestras sociedades en crisis o las élites que sostienen todo este entramado de desposesión. El enemigo está dentro. Son los compañeros que han compartido proyecto, manifestaciones, discusiones hasta altas horas de la noche y esa amistad particular que da la política, intensa, tanto, que puede alumbrar diferencias que se viven como traiciones irreparables y que alejan –quizás para siempre– la posibilidad del acuerdo. El acuerdo necesario para que Podemos siga siendo una herramienta de transformación y no un partido cerrado sobre sí mismo y desconectado de la sociedad en movimiento que es su única fuerza.

Dos crónicas de Vistalegre II

Pablo Iglesias entra el último en la arena de la antigua plaza de toros de Vistalegre. Va precedido por un río de cargos públicos y líderes de Podemos que ocupan las principales listas en liza en este congreso de refundación. Un congreso que se vive como una frontera definitiva –un órdago– debido al grado de enfrentamiento alcanzado en una campaña llena de golpes por debajo de la cintura.