El peligro ‘populista’ de C’s está en Vallecas o El Raval

Publicado originalmente en Ctxt el 29 de Mayo de 2018

Asistimos hace días al baño de banderas de Albert Rivera con sus gafas que le hacían ver españoles por doquier. Muchos destacaron el paralelismo de este discurso aplanador de los conflictos sociales y su parentesco con el ideario joseantoniano. Se habló de Mussolini, de otros fascismos. Pero C’s no es un partido fascista ni de ultraderecha. Por ahora, al menos, son muchas más cosas las que lo diferencian que las que lo emparentan con estos movimientos políticos. Sobre todo su retórica proélites y el liberalismo que enarbola. Aunque es cierto que su ideario es a veces nebuloso y se mueve a golpe de encuestas, y lo que es más peligroso todavía, a golpe de experimentos en el terreno social. La presentación de la Plataforma España Ciudadana es uno –un paso más de la estrategia que tan buenos resultados le ha dado en Cataluña–, pero el partido naranja está llevando adelante otro mucho más estremecedor.

Este tiene como escenario los barrios empobrecidos y obreros de las ciudades donde ha iniciado una campaña del miedo contra la okupación social. En barrios como Vallecas, Usera y Carabanchel en Madrid o El Raval de Barcelona, Ciudadanos está cabalgando las movilizaciones contra las okupaciones de pisos –a los que llaman “narco-pisos”– y aprovechando el malestar que existe entre los vecinos. La campaña de C’s mezcla a las familias que okupan casas porque no tienen alternativa, con el problema de la venta de drogas y las cuestiones de seguridad e incluso de limpieza –una de la principales quejas de los vecinos–. Pero también cargan contra los centros sociales autogestionados, como si de una misma realidad se tratase. En Vallecas, van a manifestaciones vecinales, ponen mesas en la calle para hablar con los vecinos, piden soluciones judiciales y más policía y acusan al ayuntamiento de no hacer nada contra la inseguridad, de dejar degradarse el barrio y la “convivencia”. Así como de provocar un “efecto llamada” a los okupas, según ha manifestado la portavoz de C’s en Madrid, Begoña Villacís, cuya familia tiene importantes negocios inmobiliarios.

“España se está convirtiendo en un paraíso para la okupación”, enuncian en su argumentario, que repiten una y otra vez. Mediante una defensa a ultranza de la propiedad privada tratan de revertir el nuevo sentido común que la PAH generó gracias a años de trabajo: la legitimidad de okupar si no hay alternativa, mientras votan en contra de las propuestas legislativas de la PAH en los parlamentos regionales. En Vallecas no solo hay pisos okupados por los que se dedican al menudeo de droga –que a menudo pertenecen a bancos o fondos que los abandonan a la espera de su revalorización o de colocarlos a buen precio–, hay bloques enteros okupados por la Obra Social de la PAH, algo mucho más molesto para los intereses que representa C’s.

Esta campaña viene acompañada de una proposición de ley presentada por C’s que propone juicios rápidos para el desalojo de viviendas ocupadas ilegalmente

De hecho, hoy en Madrid la rentabilidad más alta para los inversores está en los barrios pobres del sur –como Puente de Vallecas o Villaverde– antes que en los ricos. La regla es que cuanto menor precio de compra y mayor de alquiler, más rentabilidad, y aquí se cumple esa máxima. El mercado inmobiliario ha cambiado, y los inversores han entrado con fuerza en el mercado del alquiler provocando una escalada de precios sin precedentes. Lo que sucede es que, a veces, con el nivel de precariedad generalizado, estos alquileres tan elevados no siempre se pueden pagar. (Precariedad, recordemos, impulsada mediante reformas legislativas como la laboral redactadas al calor de la crisis provocada por los mismos bancos e intereses que hoy están detrás de esta subida de precios.) Por eso se están intentando cambiar las leyes para acelerar los desahucios, que al final, seguirán sosteniendo esos mismos intereses.

De hecho, esta campaña viene acompañada de una proposición de ley presentada por C’s que propone juicios rápidos para el desalojo de viviendas ocupadas ilegalmente y un endurecimiento de las penas –porque okupar ya tiene consideración de delito–. Además, proponen que las comunidades de vecinos puedan impulsar el desalojo, y no sólo los propietarios. Esta medida está pensada directamente para contentar a estos vecinos que protestan porque en muchos casos los propietarios de los pisos son los bancos que se desentienden largas temporadas hasta que vuelven a tener interés en movilizar el activo. Aunque C’s salió con esta ley como su propuesta estrella, ya existía un acuerdo anterior en el Congreso (a iniciativa de PDCAT) que se ha conocido como ley de “desahucio exprés”. Fue aprobada el mes pasado –con los votos de PDCAT, PP y C’s– y permitirá a la mayoría de propietarios echar a los inquilinos morosos en 15 días. La ley supone una regresión respecto a las movilizaciones de la PAH: ese espíritu está retrocediendo a marchas forzadas en este nuevo escenario de estabilización de la crisis política.

De hecho, cuando C’s incluye en esta campaña de terror a los Centros Sociales Autogestionados para pedir su desalojo –como están haciendo en muchas ciudades, en una guerra contra espacios como La Ingobernable en Madrid o La Casa Invisible de Málaga–, está apuntando de lleno al ecosistema de la PAH y de las movilizaciones. Por ejemplo, a los Sindicatos de Inquilinos –de reciente formación– que luchan contra las brutales subidas de alquileres. C’s combate las luchas por el derecho a la ciudad, contra la gentrificación, por el derecho a la vivienda y por la creación de verdaderos espacios públicos democráticos, de los que los centros sociales son una muestra. Por tanto, la lucha de C’s contra estos espacios forma parte de una batalla más amplia en la guerra urbana, en la que se enfrentan contra los que tratan de contener las condiciones que precisamente empujan a la okupación social. Esa que ellos instrumentalizan en los barrios depauperados.

La amenaza “populista”

Hay resentimiento social: asomarse al abismo de lo que uno todavía no es, pero podría llegar a ser

Dicen centrarse en los pisos okupados por los vendedores de droga, pero la partida es clara: lo que está haciendo C’s en estos barrios es una forma de “populismo” –aunque el término está en disputa–. No el de las banderas, que es hacia donde todo el mundo mira, sino de otro tipo, que por desgracia está pasando más desapercibido. A lo que juega aquí C’s es a enfrentar a dos fracciones de clase diferentes que conviven con dificultades: los que están mal contra los que están peor; el penúltimo contra el último. Hay resentimiento social: asomarse al abismo de lo que uno todavía no es, pero podría llegar a ser; tan solo si la distancia entre dos empleos se alarga, o si una enfermedad sobreviene, ¿acaso no son muchos los que tendrían que dejar de pagar esos alquileres inflados? Pero no solo opera aquí un mecanismo psicológico, también hay malestares materiales. Los problemas de convivencia entre los habitantes de esos edificios y algunas personas que okupan son reales, porque hay también una distancia entre esos que se consideran a sí mismos “honrados trabajadores” y aquellos que okupan, gente que ha sido abandonada, con cada vez menos enganches con la sociedad “formal” y que no están en espacios como la PAH donde se organizan, lo que les impide caer definitivamente.

Por su parte, la “nueva política” ha presentado pocas alternativas de politización no filofascistas de estos malestares, dejando todo el campo libre a C’s. Los habitantes de esos barrios se encuentran con un discurso de la izquierda que defiende la okupación social y que les deja abandonados a su suerte. Es cierto que no es fácil y, cuando se trata de elementos que tocan el tema de la seguridad ciudadana, los progresistas de todo pelaje tenemos problemas para articular alternativas al discurso más habitual de control social. Quizás han olvidado que problemas como estos se trabajan en el día a día, con organización en los barrios se está más cerca de evitar las salidas filofascistas. Porque hace falta mucho más que discursos y propuestas bien articulados, hacen falta más PAHs, centros sociales y otras formas de agregación y de sostenimiento colectivo.

Mientras tanto, estos malestares presentes en los barrios empobrecidos pueden ser explotados por oportunistas sin escrúpulos con el objetivo de generar un escenario de confrontación, de guerra de pobres contra pobres. C’s no está dudando en instrumentalizar el miedo y el resentimiento social para ganar adeptos. ¿Cuánto tardará en hablar de inmigración? Por ahora no se atreven porque todavía penaliza, pero en algunos de estos barrios ya se habla de bandas latinas como responsables del “narcotráfico”. Sin duda, un partido como C’s no dudará en escarbar por ahí en el momento que las encuestas le dicten que puede ganar algo.

Y aquí reside su verdadero peligro, incluso más que en la bandera. Si consigue unir las dos cosas, nacionalismo y filofascismo, ya tenemos sentadas las bases para un “populismo” o tercerismo renovado que no sabemos en qué monstruos puede desembocar.

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