Aprender a amar en el S.XXI: lo que aprendimos del feminismo

He vivido en espacios contraculturales, como okupas, y he formado –y formo– parte de eso que se llama difusamente “movimientos sociales” en el entorno de la autonomía política. En esos espacios, he estado rodeada de gente que se cuestionaba las relaciones amorosas “tradicionales” casi como imperativo vital. He sido testigo de relaciones abiertas, tríos amorosos, relaciones simultáneas –eso que ahora llaman poliamor– y otras variables de relación donde se podía repensar cada una de las cuestiones que se supone que vienen asociadas a ese dispositivo social que llamamos “amor”, o que llamamos “pareja”.