Todavía hay partido

El parlamento llega a su paroxismo teatral estos días de pactos donde decir o desdecirse sirve para abonar acercarmientos o distancias entre formaciones, o hacer tiempo hasta que soplen vientos más favorables. Esgrima verbal, tacticismos, golpes de efecto al servicio de sacar el máximo rédito político o culpar a otros si no se llega a acuerdos: el triste trasfondo de la oportunidad de cambio más grande desde la Transición que está siendo reducida al juego de espejos deformantes de la democracia representativa.